En una ciudad famosa por su tráfico, pocas experiencias resultan tan sorprendentes como cruzar la CDMX flotando en silencio sobre colonias, barrancas y cerros. El Cablebús, pensado originalmente como transporte para zonas de difícil acceso, se ha convertido sin proponérselo en una de las formas más baratas y espectaculares de hacer “turismo urbano” en la capital.
Por el precio de un viaje en transporte público —menos de 10 pesos— es posible obtener vistas panorámicas que antes solo estaban reservadas para helicópteros, miradores lejanos o fotografías aéreas.
¿Qué es el Cablebús y por qué existe?
El Cablebús es un sistema de transporte por teleférico integrado a la red de movilidad de la CDMX. Su objetivo principal es conectar zonas altas y periféricas, especialmente en alcaldías como Iztapalapa y Gustavo A. Madero, donde los traslados en camión o microbús pueden tomar horas.
Al elevarse sobre calles irregulares y pendientes pronunciadas, el Cablebús reduce tiempos de traslado, mejora la seguridad y ofrece una alternativa limpia y silenciosa frente al transporte tradicional.
Ver la ciudad desde arriba cambia la perspectiva
Viajar en Cablebús no se siente como un trayecto común. A varios metros del suelo, la ciudad se revela de otra manera:
Los cerros muestran cómo la mancha urbana trepó las laderas con casas de todos los tamaños y colores. Se observan azoteas convertidas en patios, tendederos o jardines improvisados. Las avenidas congestionadas se ven pequeñas, casi tranquilas, desde el aire.
En días despejados, el paisaje se amplía: volcanes a lo lejos, el Valle de México extendiéndose hasta donde alcanza la vista y una sensación clara de la escala real de la ciudad.
Es una experiencia que mezcla lo cotidiano con lo turístico, sin filtros ni poses.
Un viaje accesible para todos
Uno de los aspectos más llamativos del Cablebús es su costo. Con la misma tarifa del transporte público, cualquier persona puede subirse sin necesidad de tours, boletos especiales o planificación previa.
No hay horarios “turísticos”: la experiencia es la misma para quien va al trabajo, a la escuela o simplemente a mirar. Esto convierte al Cablebús en un raro ejemplo de turismo verdaderamente democrático, donde locales y visitantes comparten el mismo espacio.
Más que vistas bonitas
Aunque las panorámicas son memorables, el impacto del Cablebús va más allá de lo visual. Para miles de habitantes de zonas altas, significa:
Traslados más rápidos y predecibles. Menos gasto en transporte. Mayor conexión con otros sistemas como Metro y Metrobús.
Además, algunas estaciones se han transformado en espacios comunitarios con murales, áreas culturales y miradores urbanos, integrando movilidad y vida social.
¿Cuándo vale más la pena subir?
Cada horario ofrece algo distinto. Por la mañana, la luz revela la geometría de la ciudad y el ritmo cotidiano de los barrios. Al atardecer, el sol tiñe de naranja los cerros y las casas. De noche, las luces convierten la ciudad en un mapa brillante y silencioso visto desde el aire.
Incluso un trayecto corto puede convertirse en una experiencia memorable.
Redescubrir la CDMX desde arriba
El Cablebús demuestra que no siempre se necesitan grandes presupuestos ni atracciones espectaculares para conocer una ciudad. A veces basta con cambiar el punto de vista.
Viajar colgado del cielo, sobre una de las urbes más grandes del mundo, recuerda que la CDMX no solo se recorre a nivel de calle: también se puede contemplar desde las alturas, por menos de lo que cuesta un café.