Vaya sacudida le dio a la vieja costumbre de informar tras el escritorio la gobernadora Margarita González Saravia. En un cierre que puso a vibrar la Plaza General Emiliano Zapata Salazar de Cuernavaca, la mandataria le puso el cascabel al gato y concluyó su periplo por las siete regiones del estado, donde salió a dar la cara y presentar los resultados de lo que va de su gestión bajo una premisa clara: para transformar Morelos, primero hay que poner orden en la casa.
El ambiente en el corazón de la capital morelense no era para menos. Se dieron cita más de ocho mil personas provenientes de Jiutepec, Temixco, Xochitepec, Huitzilac, Emiliano Zapata y, por supuesto, los anfitriones de Cuernavaca. Entre el gentío y el calor de la participación ciudadana, la jefa del Ejecutivo estatal desmenuzó los avances de una administración que, desde el arranque, se propuso no dejar títere con cabeza en cuanto a la desorganización institucional se refiere.
Uno de los puntos que más eco hizo entre los asistentes fue el espinoso tema de la seguridad. González Saravia destacó la implementación de una nueva Estrategia Estatal de Seguridad Pública, un plan que busca devolverle la tranquilidad a las colonias y barrios que durante años han sentido el rigor de la delincuencia. La gobernadora fue enfática al señalar que la paz no se construye por decreto, sino con presencia territorial y coordinación efectiva.
Para los hombres y mujeres que sudan la gota gorda en el surco, las noticias fueron alentadoras. Se reportó una inversión de 700 millones de pesos destinados directamente al campo morelense. Esta inyección de recursos no es cosa menor, pues busca reactivar la economía primaria en una entidad donde la tierra sigue siendo el sustento de miles de familias que esperaban un empujón de esta magnitud para ver florecer sus cosechas.
El orgullo morelense también tuvo su lugar en la vitrina de los logros. La mandataria presumió con bombo y platillo la obtención de la Denominación de Origen del Mezcal Morelense, así como las indicaciones geográficas de la Cecina de Yecapixtla y del emblemático brinco del chinelo. Estas certificaciones no son solo papel mojado; representan un blindaje cultural y económico que le da un valor agregado a los productos que son el sello de la casa a nivel internacional.
En el rubro de los fierros y el cemento, la administración estatal no se quedó atrás. Se informó sobre la ejecución de más de 200 obras públicas distribuidas por todo el territorio estatal, con una inversión que supera los 730 millones de pesos. Estas acciones de infraestructura buscan abatir el rezago en comunidades que por años estuvieron en el olvido, conectando pueblos y mejorando los servicios básicos que son el pan de cada día para la población.
La política social también ocupó un espacio central en el discurso de rendición de cuentas. Programas como «Corazón de Mujer», los «Centros LIBRE», las «Caravanas del Pueblo» y «Territorios de Paz y Buen Vivir» fueron señalados como los ejes para fortalecer el tejido social. La intención, según se explicó, es que los beneficios no se queden en las cúpulas, sino que lleguen hasta el último rincón donde la necesidad aprieta.
Por si fuera poco, se subrayaron avances significativos en los sectores de salud, educación y sustentabilidad. La modernización institucional ha sido la herramienta para aceitar la maquinaria del gobierno, buscando que los trámites no sean un calvario para el ciudadano y que los servicios públicos funcionen como relojito. La transparencia, se dijo, es la moneda de cambio en esta nueva etapa de la vida pública de Morelos.
Para cerrar con broche de oro, la gobernadora reafirmó su compromiso de mantener un gobierno de territorio y no de escritorio. Este ejercicio de recorrer las siete regiones marca un precedente en la política local, obligando a los funcionarios a salir a la calle y escuchar de viva voz las quejas y sugerencias de la gente. Con esto, se busca consolidar un Morelos donde el desarrollo y la prosperidad no sean solo un buen deseo, sino una realidad compartida para todos.